
Sus ojos no miran, acusan
El riesgo más hermoso de su sangre brota por sus pómulos y un escalofrío huye atropellando a los hombres que lo condenaron al hambre
Este angelito de trapo apenas tiene una espiga en sus manos
Nunca el chocolate será por sus labios
El alma de sus pies descalzos me replica en las víseras y hasta la mierda que soy se conmueve dibujando una hipócrita cicatriz húmeda en mi cara
Como imaginar el paraíso si lo único que merezco es el fuego aunque este principito me grite que los dioses son ateos.
~Foto: Eduardo Aroca~
No hay comentarios:
Publicar un comentario